PERU (Pulso) — El mercado de oficinas flexibles en Lima acelera su evolución. Así lo confirma un análisis reciente de WeWork publicado por Infobae Perú.
Claudio Hidalgo, presidente de WeWork Latinoamérica, lo dice sin rodeos: «La experiencia debe justificar la presencialidad, porque movilizarse en Lima implica tiempo y esfuerzo».
La demanda ya no viene de freelancers ni de startups. Viene de corporaciones grandes. Según WeWork, empresas de la lista Fortune 500 eligen espacios flexibles por velocidad de implementación, eficiencia operativa y adaptabilidad.
«En un esquema tradicional, habilitar una oficina puede tomar muchos meses», señaló Hidalgo. Los modelos flexibles reducen ese plazo de forma significativa.
El cambio de fondo es estructural. Las empresas abandonan contratos inmobiliarios de largo plazo. Buscan estructuras que permitan crecer, reducir equipos o mover proyectos sin quedar atadas a esquemas rígidos.
Lima tiene una particularidad frente a otros mercados regionales. La congestión urbana convierte cada desplazamiento en un costo real para el trabajador. Eso eleva el estándar que debe cumplir la oficina.
«La oficina sigue siendo relevante, pero su valor ya no se mide solo por el espacio físico, sino por su aporte a la operación», afirmó Hidalgo.
En el resto de la región el patrón varía. México expande el modelo en múltiples ciudades. Brasil lo concentra en grandes urbes como São Paulo. Colombia lo adopta por la movilidad laboral y la apertura a formatos nuevos.
WeWork también desmonta un mito: flexibilidad no equivale a escritorios compartidos. Hoy las corporaciones piden oficinas dedicadas con privacidad, identidad y control, pero dentro de un esquema adaptable.
Lectura editorial. El mercado le está dando una lección al urbanismo regulado y a la burocracia inmobiliaria: cuando el Estado no resuelve la congestión, el sector privado innova para absorber el costo. Las empresas que adoptan este modelo no huyen de la presencialidad; exigen que valga la pena. Eso es libre empresa funcionando: el espacio de trabajo compite por merecer al trabajador, no al revés.


