ARGENTINA (Pulso) — Córdoba fue sede del Congreso Argentino de Forrajes esta semana. Durante tres días, productores, técnicos y especialistas debatieron eficiencia, rentabilidad e innovación en ganadería.
El eje del encuentro fue claro. Producir más ya no garantiza mejores márgenes. La diferencia económica depende de cuánto alimento útil se obtiene, cuánto se pierde y cuánto termina en carne o leche.
El silaje de maíz fue el recurso central del debate. Antes asociado casi exclusivamente a la lechería, hoy se incorpora a sistemas de cría, recría, engorde a corral y planteos mixtos. Permite convertir un cultivo agrícola en reserva de energía y estabilidad nutricional disponible todo el año.
Pero el verdadero cambio, según los expositores, no está en hacer más silaje. Está en producir el forraje que el rodeo necesita, con la calidad que necesita y con las menores pérdidas posibles.
La primera tecnología señalada no es una máquina: es la información. El balance forrajero permite calcular cuántos kilos de materia seca necesitará el rodeo durante el año. Ese cálculo evita quedarse sin reservas o acumular excedentes que se deterioran. Ambos escenarios tienen un costo económico concreto.
El veterinario Schuenemann presentó una advertencia sobre un problema poco visible: la presencia de tierra en el alimento. Según el especialista, una dieta estándar ronda el 5% de cenizas totales. Cada punto porcentual adicional representa aproximadamente 10 kilos de tierra por tonelada de alimento. Un análisis con 11% de cenizas implicaría unos 60 kilos de tierra por tonelada. En una vaca que consume 25 kilos diarios, el resultado potencial llega a 1,5 kilos de tierra por día.
El impacto no es solo sanitario. La tierra ocupa espacio en la dieta sin aportar nutrientes e interfiere con aminoácidos, vitaminas y minerales. Según ensayos citados por Schuenemann, reducir la tierra en dietas de engorde permitió incrementar en 150 gramos diarios la ganancia de peso por animal.
En desarrollo.
Pulso Global subraya el mensaje de fondo: la libre empresa ganadera argentina tiene en la información y la gestión privada sus palancas más potentes. No hace falta burocracia ni subsidio estatal. Hace falta medir, analizar y decidir con evidencia. Ese modelo —productor profesional, tecnología aplicada, mercado como árbitro— es el que genera valor real y sostenible en el campo.


