La integración automotriz de América del Norte enfrenta su mayor rediseño desde el TLCAN. Según análisis publicado en El Financiero, la administración Trump no modificó las reglas de origen del T-MEC, pero sí el costo de no tener contenido estadounidense.
Desde 2023, los vehículos ligeros deben cumplir 75% de contenido regional norteamericano. El T-MEC también exige 70% de compras de acero y aluminio norteamericano, más requisitos de contenido laboral.
El cambio de 2025 impone un arancel de 25% al valor del contenido no estadounidense de cada vehículo. Para México, el golpe es directo. Según estimaciones de la industria citadas en el análisis, alrededor de 35% del contenido de vehículos ensamblados en México proviene de Estados Unidos. El arancel efectivo resultante se sitúa entre 16.25% y 20.4% del valor de importación, según la fuente. BBVA estimó un contenido estadounidense de 18.3%, lo que arroja un arancel efectivo de 20.4%.
La paradoja es contundente: autos europeos pagan 15% de arancel. Un vehículo mexicano que cumple el T-MEC puede pagar más que uno fabricado fuera del bloque.
En la revisión del acuerdo, Trump propone elevar el contenido regional automotriz de 75% a 82% y exigir que 50% del valor del vehículo provenga específicamente de Estados Unidos. Según el análisis, esto subordinaría la noción de origen regional a la de origen nacional. Un vehículo con más de 80% de contenido norteamericano podría quedar excluido de los beneficios del acuerdo.
Las consecuencias para México serían tres, según la fuente: reducción del crecimiento de proveedores mexicanos de autopartes, aumento del costo de producción local y redirección de inversión extranjera hacia Estados Unidos.
Lectura editorial. Lo que Trump construye no es proteccionismo clásico: es una reingeniería de incentivos que usa el T-MEC como palanca para relocalizar valor agregado hacia su territorio. El libre mercado regional —que durante décadas generó eficiencia y empleos en los tres países— cede ante la lógica del contenido nacional obligatorio. Para México, el riesgo no es solo arancelario: es perder la ventaja competitiva que justificó décadas de inversión manufacturera. La libre empresa necesita reglas estables y predecibles; lo que se describe aquí es lo contrario.



