La escritora Morillo Belloso publicó este martes una columna en LaPatilla. El argumento central es directo: Venezuela solo es un socio confiable cuando tiene democracia real.
Su tesis histórica es concreta. La Venezuela democrática se alineó con Estados Unidos en la Guerra Fría. Sostuvo su estabilidad energética durante décadas. Actuó como amortiguador político en el Caribe. Sirvió de contrapeso frente a Cuba. Mantuvo, según la autora, «una diplomacia profesional y respetada».
La Venezuela autoritaria, en cambio, es otra cosa. Morillo Belloso la describe como «un animal hambriento y violento que muerde, incluso a quien crea que puede domesticarlo con sanciones o acuerdos tibios».
Sobre el 3 de enero —fecha que la autora llama «3E»— su lectura es precisa. Afirma que los venezolanos «de bien» sintieron alivio. Un alivio «duro, contradictorio, casi vergonzoso». Porque vieron que Washington entendía lo obvio: Maduro y su esposa debían ser sacados y procesados. Morillo Belloso lo califica como «el más grande robo de toda nuestra historia».
La autora reconoce el tutelaje externo. Lo llama «una palabra que raspa nuestra dignidad». Pero lo acepta. Porque el problema, escribe, «es tan gordo, tan profundo, tan metastásico, que solos no podemos».
Su advertencia final apunta a Rubio. Si logra la candidatura y gana la presidencia, dice, y el problema venezolano persiste por «meterse en un túnel absurdo», descubrirá que la confiabilidad energética será un mito. Y que Venezuela «alborotará severamente el vecindario».
Pulso Global subraya el núcleo del argumento: libre mercado, instituciones y alternancia no son adornos. Son la infraestructura que hace viable cualquier alianza. Washington ha apostado antes por «estabilidad» sin democracia en la región. El resultado siempre fue el mismo: caos diferido, más caro.
La lección es vieja. Pero sigue sin aprenderse.



