El gobierno de Claudia Sheinbaum enfrenta una batalla mediática que, según el columnista Salvador Camarena en El Financiero, libra contra el adversario equivocado.
Desde Morena se escuchan voces que piden medios potentes para «conducir la conversación» hacia lo que llaman una «transformación sociocultural». Lamentan no haber construido un sistema mediático, público y privado, que respalde al régimen.
Las explicaciones internas van desde la falta de presupuesto a televisoras públicas hasta la propuesta de no dar dinero público a plataformas que no respalden al gobierno. Camarena pregunta: «¿qué falta para que se proponga quitar concesiones?»
El debate coincidió con la noticia del retiro de la visa estadounidense a Andrés Manuel López Beltrán. Según el columnista, la conversación nacional generada no mostró un sentimiento mayoritario a favor del hijo de AMLO. «Más bien es lo contrario», escribe.
En ese contexto, la consejera Luisa María Alcalde describió el problema como un «ecosistema digital de amplificación artificial de tendencias». Para Camarena, el diagnóstico oficial invierte la causalidad: el problema no sería la sustancia de las denuncias, sino su amplificación.
El columnista también menciona las sospechas acumuladas sobre Rocha Moya —por la elección de 2021, sus declaraciones sobre hablar con narcos para llegar al poder y la muerte sin aclarar de Héctor Melesio Cuén— como ejemplo de noticias que ningún aparato mediático oficialista podría neutralizar.
Desde Pulso Global, el cuadro es claro: un aparato estatal que, en vez de rendir cuentas, busca controlar el relato. La libre empresa informativa incomoda precisamente porque funciona. Cuando el espejo dice la verdad, culpar al espejo no es política; es pánico.



