El camino a 2027 ya arrancó. Y el Gobierno libertario enfrenta una ironía incómoda: su mejor adversario posible es Kicillof.
Según el análisis de Francisco Olivera en La Nación, los sondeos muestran a Milei todavía por debajo de lo necesario para ganar en primera vuelta. Lo admitió Agustín Laje, líder de la Fundación Faro, ante Infobae. En segunda vuelta, dicen sus equipos, todo sería más complicado «a menos que confrontara con un kirchnerista».
El gobernador bonaerense mide bien dentro del PJ. Eso lo convierte en el candidato que el oficialismo teme menos y el establishment teme más. Mineras y petroleras ya financian la campaña de Uñac, exgobernador de San Juan, con oficinas sobre Rivadavia a una cuadra del Congreso. La lógica: si vuelve el peronismo, que sea «digerible».
Ricardo Quintela promete expropiaciones. Kicillof representa, según el análisis, «la peor alternativa posible para el establishment económico». El Gobierno, en cambio, lo ve como el adversario ideal: kirchnerista puro, reubica a Milei del lado de la «anticasta».
Massa permanece en silencio por consejo de Sebastián Galmarini. Mayans celebró que Kicillof y Máximo Kirchner «se dieron un abrazo» en una reunión. El peronismo espera.
En el frente económico, Luis Caputo estudia un mecanismo para colocar parte del Fondo de Garantía de Sustentabilidad de la Anses en plazos fijos bancarios y canalizarlos a créditos hipotecarios. Sería, según la fuente, recuperar un instrumento de fondeo de largo plazo inexistente desde la expropiación del sistema previsional.
La convivencia con Pro avanza. Hace 20 días, Karina Milei llamó a Macri. El primer contacto formal se concretó esta semana. Acordaron prioridades legislativas: ley de inocencia fiscal y reforma de la Carta Orgánica del Banco Central.
Lectura de la casa. El ajuste sin precedente que ejecutó Milei le ganó respeto empresarial, pero no alcanza para blindar el ciclo electoral. Que el Gobierno dependa del perfil ideológico de su rival para asegurar el ballotage revela una fragilidad real. La apuesta de Caputo —bajar riesgo país, ampliar crédito, mostrar estabilidad— es la única palanca disponible antes de que el calendario mande. El libre mercado necesita resultados visibles, no solo ortodoxia declarada.



