TAIWAN (Pulso) — La Fuerza Aérea de Taiwán prepara una unidad especializada en drones de combate. Su misión: atacar objetivos en territorio chino. Así lo informó Taipei Times, citando a un alto funcionario militar bajo anonimato.
La estrategia es asimétrica. Drones baratos y descartables saturarán las defensas aéreas del Ejército Popular de Liberación. Cuando los radares chinos se activen para detectarlos, los propios drones los atacarán.
El arma central es el Chien Hsiang, munición merodeadora desarrollada por el Instituto Nacional Chungshan de Ciencia y Tecnología. Está diseñada para localizar y destruir sistemas de radar. Según la fuente citada por Taipei Times, el Mando de Defensa Aérea y de Misiles ya desplegó alrededor de 200 unidades en la isla principal y territorios periféricos.
Una vez degradadas las defensas chinas, la Fuerza Aérea taiwanesa dispondría de una ventana para operar sus cazas: los F-16 de Lockheed Martin y los AIDC F-CK-1 Ching Kuo.
La unidad combinará los Chien Hsiang con un nuevo sistema de ataque construido con componentes civiles disponibles en el mercado. Según el funcionario, cada aparato costaría varios millones de dólares taiwaneses, muy por debajo de sistemas anteriores que alcanzaban decenas de millones. El nuevo modelo incluye posicionamiento satelital y reconocimiento de imágenes.
El concepto ya fue probado. Durante los ejercicios Tien Lung, realizados entre el 7 y el 9 de abril, pilotos taiwaneses ejecutaron combates simulados y ataques coordinados con drones. El objetivo fue evaluar cómo los no tripulados reducen la exposición de los cazas frente a defensas enemigas.
Taiwán también refuerza su defensa. En el ejercicio Han Kuang, efectivos utilizaron sistemas antidrones del mismo instituto para responder a ataques simulados con enjambres.
El cambio de doctrina es claro: Taipei abandona una postura puramente defensiva y apuesta por la capacidad de golpear primero los ojos del adversario.
Desde la línea de libre mercado y soberanía nacional, la lógica es impecable. Taiwán usa la innovación civil y el bajo costo para contrarrestar el gasto militar masivo de Beijing. Es el principio de la asimetría aplicado a la defensa: libre empresa y tecnología accesible frente al aparato estatal del régimen. Cada dólar taiwanés invertido obliga a China a gastar muchos más. Eso es disuasión eficiente.


