RUSIA (Pulso) — Vladímir Putin advirtió este martes que Moscú respondería «simétricamente» si gobiernos europeos confiscan buques rusos vinculados a la flota fantasma.
La amenaza llegó desde el crucero portamisiles Variag, buque insignia de la Flota del Pacífico, durante una visita de trabajo por Siberia y el Lejano Oriente.
Putin precisó que la respuesta rusa no se limitaría a los mismos mares. Moscú actuaría «donde considere necesario», incluida la zona de responsabilidad de la Flota del Pacífico.
El mandatario acusó a algunos gobiernos europeos de actuar «en violación del derecho marítimo internacional». Calificó la posible requisición de barcos y venta de su carga como «piratería y saqueo».
El almirante Víktor Líina, comandante de la Flota del Pacífico, respaldó la postura del Kremlin. Afirmó que su agrupación naval «cuenta con fuerzas para detener buques de los países inamistosos y su flota fantasma». Agregó que están listos para iniciar esas misiones.
El contexto: la Unión Europea ha endurecido sanciones contra la flota fantasma rusa, una red de cientos de buques petroleros que Rusia utiliza para exportar crudo y evadir restricciones impuestas tras la invasión a Ucrania. Algunas embarcaciones y tripulaciones ya fueron retenidas para inspección. Varios gobiernos europeos estudian controles marítimos más estrictos.
Putin recorrió el Variag con uniforme naval y calificó las maniobras de la Flota del Pacífico como necesarias para mantener la «preparación de combate» y proteger intereses rusos en Asia-Pacífico.
La amenaza de Putin es una escalada verbal calculada. Europa ejerce presión legítima sobre una red diseñada para burlar sanciones. Moscú responde con la lógica del Estado que usa su aparato militar como palanca comercial. El principio en juego es claro: el derecho internacional no puede ser rehén de quien lo viola primero.

