USA (Pulso) — El NTT IndyCar Series toma Washington, DC. La Freedom 250 Grand Prix se disputa este fin de semana en un circuito urbano de siete curvas.
El origen es una orden ejecutiva de Trump. El presidente instruyó a varias agencias federales para coordinar con la alcaldía de Washington y diseñar el trazado.
El circuito usa calles adyacentes al National Mall y frente al edificio del Capitolio. Pennsylvania Avenue alberga la recta de meta y el pit lane.
El trazado es mayormente de curvas a 90 grados. La curva 6 es una chicane estrecha. La entrada al pit lane, justo después de la curva 1, se presenta como uno de los puntos más exigentes para los pilotos.
Los equipos están estacionados en Constitution Ave. NW y 7th Street. Desde allí remolcan los monoplazas directamente al pit lane.
La distancia de 250 millas no formó parte del evento hasta pocas semanas antes de su celebración. Cuando se firmó la orden ejecutiva y se anunció la carrera, el calendario de IndyCar ya llevaba tiempo publicado y la temporada estaba a punto de comenzar.
El sábado se disputarán dos carreras del International Race of Champions (IROC), serie que operó entre 1973 y 2006 y que ahora se revive para eventos selectos. La serie feeder directa de IndyCar, Indy NXT, no viajó a la capital.
El evento se integra en las celebraciones del America 250.
Pulso Global subraya lo que el dato revela: una orden ejecutiva convirtió en semanas un espacio público en circuito de primer nivel. Es libre empresa y voluntad política actuando sin burocracia paralizante. El resultado —pit lane sobre Pennsylvania Avenue, monoplazas frente al Capitolio— es exactamente el tipo de espectáculo que genera inversión, turismo y orgullo nacional. El cronómetro dirá si la pista estuvo a la altura de la ambición.



