CAMERÚN (Pulso) — El presidente de Camerún, Paul Biya, lleva más de dos meses fuera de su país. Permanece en Suiza. El Gobierno no ha precisado cuándo regresará.
Biya tiene 93 años. Es el jefe de Estado en ejercicio más longevo del mundo. Gobierna Camerún desde 1982 y cursa su octavo mandato.
Las autoridades camerunesas confirmaron su presencia en Suiza. Rechazaron versiones sobre una hospitalización. Sin embargo, no ofrecieron detalles sobre su estado de salud ni sobre la fecha de retorno.
El Ejecutivo presentó inicialmente el viaje como una «breve estancia privada». El tiempo transcurrido desmiente esa descripción.
El dato institucional más crítico: Camerún no cuenta con la figura de vicepresidente. Ante una eventual incapacidad presidencial, no existe un sucesor constitucional claro. La pregunta sobre quién toma las decisiones queda sin respuesta pública.
El contexto interno agrava la situación. En el norte del país opera una insurgencia vinculada a grupos yihadistas. En las regiones anglófonas del oeste persiste un conflicto separatista activo desde hace años. La economía permanece estancada. El desempleo juvenil alcanza niveles de hasta el 60%, según estimaciones citadas sobre el país.
El Gobierno administra simultáneamente tres frentes: seguridad, economía y la incertidumbre sobre el presidente.
Lectura editorial. Cuatro décadas de poder personal sin arquitectura de sucesión producen exactamente este resultado: un Estado paralizado ante la ausencia de un hombre. No hay institución que supla al caudillo; hay solo silencio oficial y rumores. El libre mercado, el estado de derecho y la inversión extranjera no prosperan donde la continuidad del gobierno depende de la salud de un nonagenario cuya agenda nadie conoce. Camerún paga hoy el costo de haber confundido durante décadas al hombre con el Estado.


