COLOMBIA (Pulso) — El lunes 10 de agosto, a las 7.34, un sismo de magnitud 7,4 sacudió Colombia. Epicentro: San José del Palmar, Chocó. Apenas 63 horas habían pasado desde que Abelardo de la Espriella recibió la banda presidencial.
El balance más reciente de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) registra 287 muertos, 3.975 heridos y 13.077 viviendas destruidas. Quince departamentos y 437 municipios resultaron afectados. Cali, Pereira, Manizales y Quibdó concentran la mayor parte de los edificios colapsados. El sismo se sintió en Bogotá, Quito y Ciudad de Panamá. Medios locales lo califican como el de mayor magnitud registrado en el país durante este siglo.
De la Espriella canceló viajes, recorrió Quibdó y Cali y declaró el estado de emergencia económica. El mecanismo le permite ejecutar el presupuesto nacional por decreto sin pasar por el Congreso.
El problema: la UNGRD llega a la emergencia en situación precaria. El nuevo director de la entidad, David Tamayo, designado este miércoles, advirtió que la unidad «solo cuenta con 30 mil millones de pesos para la atención de la emergencia». «Sin plata, endeudada y sin personal», declaró a Semana. Tamayo señaló que la entidad quedó en ese estado «tras la administración del presidente izquierdista Gustavo Petro» y anunció gestiones para obtener donaciones internacionales.
El contexto fiscal agrava el cuadro. Colombia arrastra un déficit superior al 6,5% del PIB, según The Economist Intelligence Unit, y una deuda pública bruta por encima de los 1.067 billones de pesos, equivalente a cerca del 60,3% del PIB, según el Ministerio de Hacienda.
El académico Rodrigo Pombo señaló que una línea de crédito internacional cercana a los 50.000 millones de dólares, los mil millones anunciados por Washington y una alianza renovada con Israel en inteligencia podrían compensar la falta de recursos propios. Carlos Chacón, del Instituto de Ciencias Políticas Hernán Echavarría Olózaga, advirtió que el ELN y el Clan del Golfo pueden aprovechar el vacío institucional para consolidar corredores ilícitos en las zonas afectadas.
De la Espriella ya había ordenado operaciones contra las FARC y el Clan del Golfo antes del sismo. Las autoridades reportaron la muerte de un cabecilla de disidencias en el Meta y la baja de dos integrantes del Clan del Golfo en Antioquia. El consultor Hatem Dasuky anticipa que el gobierno mantendrá el ritmo de esa ofensiva pese a la emergencia.
Pulso Global observa: De la Espriella hereda una agencia de gestión de desastres que, según su propio director designado, llegó sin fondos suficientes ni personal. Esa es la realidad operativa con la que debe responder a la mayor catástrofe sísmica del siglo en Colombia. La capacidad del nuevo gobierno para reconstruir la UNGRD mientras gestiona la emergencia será la primera medida real de su eficacia. El déficit fiscal y la deuda pública no dejan margen para improvisaciones.



