COLOMBIA (Pulso) — El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió Colombia el lunes 10 de agosto dejó al menos 239 muertos, 3.755 heridos y 287 desaparecidos. Así lo confirmaron las autoridades, según recogió Infobae.
El epicentro se ubicó en San José del Palmar, departamento de Chocó. El movimiento se percibió con fuerza en gran parte del territorio colombiano.
Las zonas más afectadas: Pereira, Cali, Manizales, Armenia, Quibdó y localidades de Chocó y el Valle del Cauca. Edificios y viviendas colapsaron o sufrieron daños estructurales graves.
Los rescatistas operan con maquinaria pesada, perros especializados y equipos de búsqueda. En Pereira, una mujer fue rescatada con vida tras 36 horas bajo los escombros.
La Fiscalía colombiana habilitó puntos especiales en Palmira y Tuluá para identificar y entregar cuerpos. Los cadáveres hallados en Cali se trasladan a Palmira. Los de Buenaventura, a Tuluá, por daños en la sede de Medicina Legal en Cali.
Las réplicas complican las operaciones. Una de magnitud 3,4, con epicentro nuevamente en San José del Palmar, habría provocado el desprendimiento de parte de un edificio en Cali.
El apoyo internacional comenzó a llegar. Varios gobiernos ofrecieron ayuda humanitaria y personal especializado. El Salvador había ofrecido previamente enviar equipos de rescate.
El balance puede modificarse. La prioridad sigue siendo encontrar sobrevivientes y asistir a las familias afectadas.
Lectura editorial. Una catástrofe de esta magnitud exige respuesta institucional rápida y coordinación efectiva. La capacidad del Estado colombiano para gestionar la emergencia estará bajo escrutinio. El apoyo de aliados como El Salvador —que ya ofreció equipos de rescate— demuestra que la cooperación entre gobiernos comprometidos con resultados concretos salva vidas. La reconstrucción, cuando llegue, requerirá inversión privada y certeza jurídica: sin ellas, las regiones más golpeadas tardarán años en recuperarse.



