CHILE (Pulso) — La ministra de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, Ximena Lincolao, se pronunció este miércoles sobre la salida de tres mujeres del gabinete del presidente José Antonio Kast. Las tres fueron reemplazadas por hombres.
En el podcast Cómo te lo explico, Lincolao señaló que ha visto «un ataque desproporcionado a las mujeres» en redes sociales. Afirmó que eso «le hace mal al país».
Sobre las salidas del gabinete, dijo que no cree que hayan sido decisiones que Kast quisiera tomar. «Yo sé que a él le dolió mucho que salieran esas tres mujeres», declaró, según el documento.
Justificó los reemplazos por criterio de talento disponible. Puso como ejemplo el nombramiento de Francisco Riveros en el Ministerio del Deporte: ya conocía el funcionamiento de la cartera, había realizado la auditoría y mantenía relaciones de trabajo establecidas, tras la salida de Natalia Duco.
Al ser consultada directamente sobre si debió buscarse talento femenino para los reemplazos —pese a la existencia de ese talento—, evitó pronunciarse. «No importa cómo yo responda a esa pregunta, va a ser usada», explicó.
La ministra también habló de su propia trayectoria. Se describió como «una mujer mapuche, sin relaciones, sin ningún tipo de conexiones» y sin vínculo con partidos políticos. «Chile es un país clasista y es un país racista», afirmó. Agregó que «los insultos que a mí me ponen en las portadas son insultos racistas».
Lectura de la casa. Las declaraciones de Lincolao exponen una tensión real dentro del propio gobierno de Kast: tres cargos ocupados por mujeres, ahora en manos de hombres. La ministra defiende el criterio de mérito y talento como principio rector de los nombramientos —un valor que Pulso Global comparte—. Pero su denuncia sobre el clasismo y el racismo en Chile apunta a un problema estructural que va más allá del gabinete: el costo personal que pagan quienes llegan al poder sin red de élite. Eso, en un gobierno que apostó por perfiles fuera del establishment, merece atención.



