Buenos Aires — Javier Milei protagonizó un fin de semana de alta tensión en Brasil. Según el columnista Joaquín Morales Solá en La Nación, un alto funcionario del gobierno argentino describió la conducta de Milei como «sobreactuación».
La versión interna señala una posible sugerencia de Donald Trump: ayudar a la familia Bolsonaro y perjudicar a Lula da Silva. Ningún funcionario confirma si Trump pidió tanto o si Milei actuó por cuenta propia.
El juez Alexandre de Moraes prohibió a Milei visitar a Jair Bolsonaro en su domicilio. Bolsonaro padre cumple prisión domiciliaria por delicado estado de salud. El Tribunal Supremo de Brasil lo condenó a 27 años por liderar, según ese fallo, una organización criminal que intentó impedir la asunción de Lula en 2023.
Milei llamó «basura calva» a De Moraes. Según la columna, nunca antes un presidente argentino había tratado así a un mandatario extranjero o a un juez supremo de otro país.
En paralelo, Milei gritó «ladrón» a José Ignacio de Mendiguren desde un stand de la Exposición Rural. El episodio, según el columnista, imita «los modos del escrache».
Las últimas encuestas en poder del gobierno, incluida la de Poliarquía, ubican a Milei en el límite o por debajo del umbral del 40% necesario para ganar en primera vuelta en 2027, según el mismo artículo.
El dato económico es contundente: Brasil es el principal socio comercial de Argentina. El comercio bilateral asciende a unos 30.000 millones de dólares anuales, según la fuente. Brasil concentra además las exportaciones industriales argentinas y ambos países integran el Mercosur.
Este martes, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, se sumó a la polémica en solidaridad con Lula y con cuestionamientos directos a Milei.
El canciller Pablo Quirno, economista graduado en la Universidad de Pensilvania, aplaudió al presidente durante la diatriba, según el artículo.
Lectura editorial. La furia puede ser un activo electoral en campaña. Pero cuando el blanco es el principal cliente industrial del país, el costo lo pagan los exportadores, los trabajadores del sector y el contribuyente que financia cualquier rescate posterior. Milei tiene razón en muchas batallas; esta no es una de ellas: mezclar ideología con la relación comercial más importante de Argentina es el tipo de error que los gobiernos de libre mercado no pueden permitirse.



