ARGENTINA (Pulso) — El Gobierno acusó el golpe. La semana pasada vio desmoronarse en el Congreso su obsesión reformista.
Karina Milei activó la vía política. Reabrió el acercamiento a Mauricio Macri. Ordenó emprolijar la agenda legislativa. Limpió de polémicas la reforma de la Ley de Inocencia Fiscal: dio de baja la posibilidad de que funcionarios adhirieran al beneficio impositivo.
Las versiones sobre quién marcó primero el contacto difieren. Cerca del expresidente dicen que llamó Karina. En el Gobierno sostienen que Macri fue al pie. Lo cierto: el diálogo arrancó antes del mundial, con contactos informales entre Eduardo y Martín Menem, De Andreis, Santilli y Ritondo.
Macri transmitió escepticismo. «Soy escéptico», dijo según fuentes cercanas. Lo describió casi como un ultimátum: el Pro tiene «el álbum de fotos completo» con La Libertad Avanza y no quiere apostar al reunionismo, pero igual ordenó ir para darle una nueva oportunidad a Milei.
Lo pactado: reuniones cada dos semanas para armar una agenda parlamentaria conjunta. El acuerdo electoral, nadie lo imagina antes de fin de año.
El Pro llega partido. Ritondo camina hacia la fusión con los libertarios. Lacunza mantiene su candidatura presidencial y alertó sobre los créditos en dólares: «Ya hicimos eso a fines de los noventa y terminamos con la pesificación asimétrica». Sandleris, expresidente del Banco Central, advirtió que la regulación vigente «permitió que la Argentina atravesara todas las crisis cambiarias desde 2001 sin sufrir una crisis bancaria».
La economía presiona. Desde la asunción de Milei se perdieron 411.613 puestos de trabajo registrados; 70.217 solo en mayo. La consultora 1816 señaló que los datos «siguen consolidando la idea de una economía muy heterogénea, con energía y minería volando y con los sectores más intensivos en mano de obra sin terminar de recuperarse».
Caputo insiste en que ordenar el frente electoral baja la incertidumbre económica. Pero cerca de Santilli advierten: «La política es lo que más ordenado está; el problema es la economía».
Lectura de la casa. El acercamiento al Pro es una señal de pragmatismo, no de debilidad ideológica irreversible. El ajuste fiscal y la desregulación necesitan base parlamentaria para sostenerse. Sin ella, los logros del modelo quedan expuestos a cada votación adversa. El riesgo real no es la negociación con Macri: es que la reactivación no llegue a los sectores intensivos en empleo antes de las urnas. Eso sí podría erosionar el capital político que el ajuste todavía conserva.



