CHILE (Pulso) — Santiago, Chile. Confirmado. El presidente José Antonio Kast asumió este lunes la responsabilidad por la descoordinación que dejó al biministro Claudio Alvarado sin información sobre el requerimiento presentado ante el Tribunal Constitucional.
«Eso es culpa mía, es responsabilidad mía», afirmó Kast en conversación con Radio Duna. Agregó: «Uno va avanzando tan rápidamente que se le puede quedar algo fuera, pero es responsabilidad mía, si yo firmo al final, yo dirijo».
A las 9:17 de este lunes, Alvarado y el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, se reunieron en Palacio. El encuentro fue breve. No hubo puesta en escena pública para cerrar la controversia.
Alvarado describió el encuentro como «cordial». Señaló que ambos «seguimos trabajando sin ningún tipo de dificultad ni problema». Se alineó con Kast: reconoció que «a veces suele pasar que no se dan los avisos correspondientes».
El episodio se gatilló cuando Alvarado se enteró en el Congreso de que el Ejecutivo había ingresado un requerimiento para impugnar la norma sobre reposición gratuita de servicios básicos en zonas de catástrofe. Quiroz había declarado días antes que «no es mi responsabilidad avisarle a todo el mundo».
Según la fuente, el choque no es aislado. Desde hace meses acumula diferencias de criterio, estilos y prioridades. En marzo, Interior y Segpres empujaron ayudas ante el alza de combustibles; Quiroz defendió una posición más restrictiva. En abril, Alvarado y García Ruminot postergaron el ingreso de la megarreforma; Hacienda quería ingresarlo antes. En julio, Hacienda incorporó a última hora una indicación para reducir el impuesto corporativo de 23% a 22%; Alvarado llamó a Quiroz para pedirle retirar la propuesta.
Lectura editorial. Kast hizo lo correcto al absorber el costo político sin sacrificar a ningún ministro. Un jefe de gobierno que firma y dirige no puede delegar la coordinación interna. El patrón de roces entre Interior y Hacienda, sin embargo, revela algo más profundo: tensiones entre la lógica política y la disciplina fiscal. En un gobierno que se define por orden y libre empresa, esa fricción interna es el mayor riesgo para la agenda. La unidad del gabinete no se declara; se demuestra en la coordinación cotidiana.



