COLOMBIA (Pulso) — Confirmado. El cuerpo de Jerson Enrique Camacho Cedeño apareció el 25 de julio de 2026 en una vía rural de Montería. Presentaba señales de tortura y disparos en la cabeza, según la Policía Metropolitana.
Hombres armados interceptaron la camioneta BMW negra en la que se desplazaba el 24 de julio. Lo acompañaban dos escoltas: Ferney Patiño Marín y Reinel González Alzate. Sus cuerpos fueron localizados en distintos puntos de Antioquia y Medellín, con signos de tortura y ejecución.
Inicialmente se reportaron tres desaparecidos, incluyendo a Camacho Cedeño. Uno fue hallado con vida en Urabá antioqueño. Del tercer escolta aún se desconoce el paradero, según las autoridades.
El coronel Héctor Ruiz, comandante de la Policía Metropolitana de Montería, declaró: «Alias 'Flaco Jerson' perteneció a la organización criminal de 'Los Comba'. Tenemos entendido que él habría viajado desde Cali hasta acá para una reunión relacionada con temas de narcotráfico».
La hipótesis principal apunta a conflictos internos entre organizaciones criminales. La subestructura Fernando Oquendo Estrada, del Clan del Golfo, opera en la zona.
El expediente judicial de una corte del Distrito Este de Nueva York detalla que desde 1995 Camacho Cedeño fue cabecilla de sicarios de la estructura Los Yiyos, encargada de cobrar violentamente deudas por narcóticos para organizaciones en Colombia y México. Según el indictment, entre aproximadamente 1997 y 2005 o 2006, Los Yiyos trabajaron para el ala Montoya del cartel del Norte del Valle; siendo parte de Los Yiyos, Camacho Cedeño realizó numerosos secuestros y asesinatos en nombre del cartel.
En la primavera de 2006, los Zetas lo contrataron para ayudar a recolectar una deuda de aproximadamente USD 200 millones. Le pagaron honorarios de aproximadamente USD 440.000, según el documento oficial.
Parientes afirman que, tras regresar a Colombia en 2024, se dedicó a la ganadería. Documentos consultados por El Tiempo confirman una empresa registrada en Cali para cría de ganado bovino y bufalino y transporte de carga, con activos reportados por $10 millones y sede en una casa de alto valor en el sur de la ciudad. El desplazamiento en siete camionetas blindadas y la presencia de escoltas armados refuerzan, sin embargo, la imagen de un personaje que seguía vinculado a estructuras de alto riesgo.
Esto es lo que se sabe. El caso sigue abierto. La violencia narco en Colombia no descansa: un hombre con condena cumplida en EE.UU., empresa registrada y aparente retiro fue ejecutado con tortura. El aparato criminal no concede jubilaciones. Mientras el Estado colombiano debate reformas, la justicia de plomo opera sin demora.



