COLOMBIA (Pulso) — Einer Rubio abandonó el Tour de Francia 2026 el 24 de julio. El motivo: un choque contra el carro de apoyo del UAE Emirates en la etapa 19, con final en Alpe d'Huez. Cuatro días después habló.
En entrevista con el periodista Lisandro Rengifo de El Tiempo, el corredor boyacense describió el impacto como súbito e incomprensible en los primeros segundos. «Recuerdo que me paré, vi las manetas de la bicicleta torcidas e intenté enderezarlas», dijo. Cuando notó la sangre, se detuvo.
«Yo estaba muy asustado por la sangre, pero les respondía que sí», señaló sobre los médicos que lo atendieron en la carretera. La ambulancia lo trasladó con cortes en el rostro y puntos de sutura. El balance final, según sus palabras: «Al final no fue grave, solo tengo varios cortes y puntos en la cara. Fui afortunado».
Sobre las causas, Rubio fue directo. «Hubo varios fallos. Primero, no se cerró completamente el espacio entre los corredores y eso permitió que entrara el carro», afirmó. Agregó que «los encargados dejaron pasar el vehículo cuando la distancia entre los ciclistas no era la reglamentaria».
El desencadenante inmediato fue un aficionado que invadió la carretera. Eso obligó a Joxean Fernández, director del UAE Emirates al volante, a frenar de golpe. Rubio dijo haber hablado con él. «Lamentó mucho lo sucedido, pero también explicó que una persona se cayó delante del vehículo y tuvo que frenar. Son cosas que pasan. Incluso yo habría hecho lo mismo en esa situación», declaró.
Su plan original era disputar las tres grandes vueltas de la temporada. Ahora espera la evolución de las heridas antes de decidir si corre la Vuelta a España. «Ya un poco más tranquilo me pregunto qué fue lo que pasó. La verdad es que la saqué muy barata», cerró.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa un problema recurrente en las etapas de alta montaña: el público desbordado y la gestión del tráfico de vehículos entre pelotón. El ciclismo de grandes vueltas mueve audiencias globales y patrocinios millonarios. Pero la seguridad del corredor sigue dependiendo, en parte, de si un aficionado respeta o no la línea blanca. Esa brecha entre espectáculo y protocolo tiene un costo humano concreto. Rubio lo vivió en carne propia.



