COLOMBIA (Pulso) — La Cancillería colombiana reconoció este lunes la soberanía israelí sobre los Altos del Golán. Colombia es el segundo país del mundo en tomar esa decisión, después de Estados Unidos.
«El Gobierno de Colombia reconoce la soberanía israelí sobre este territorio, así como el derecho de ese Estado a protegerse frente a amenazas externas», publicó el Ministerio de Relaciones Exteriores en X. Añadió que ese control «constituye un componente esencial de su defensa nacional».
El canciller israelí, Gideon Sa'ar, agradeció a «su buen amigo, el presidente colombiano Abelardo De La Espriella». Según Sa'ar, el acuerdo se alcanzó en una reunión el pasado jueves en Barranquilla, un día antes de la investidura. El primer ministro Benjamín Netanyahu también agradeció públicamente al nuevo presidente colombiano en un video en redes sociales.
La reacción internacional fue inmediata. Siria expresó «rechazo categórico» y reafirmó que el Golán «es una parte inseparable de su territorio». Turquía calificó la decisión de «violación del derecho internacional» y condenó «enérgicamente» la declaración colombiana. Arabia Saudita aseguró que la medida «contraviene el derecho internacional y las resoluciones pertinentes de la legitimidad internacional». Catar advirtió que cualquier reconocimiento unilateral «constituirá un importante obstáculo para alcanzar la paz en la región». Palestina, por su parte, lo calificó de «violación flagrante del derecho internacional».
El enviado de la ONU para Siria, Claudio Cordone, afirmó que «los Altos del Golán son territorio sirio ocupado» y que la aceptación colombiana «contraviene directamente el derecho internacional». En julio, el secretario general António Guterres ya había calificado la meseta, ocupada por Israel desde 1974, como «territorio sirio».
Pulso Global observa: la decisión de De La Espriella marca una ruptura radical con la política exterior del petrismo, que había roto relaciones con Israel. El nuevo gobierno colombiano elige alinearse con Washington y Jerusalén desde su primer día, asumiendo el costo diplomático ante el bloque árabe. El principio en juego es claro: soberanía real frente a resoluciones que durante décadas no produjeron resultado alguno.



