COLOMBIA (Pulso) — Bogotá, 9 de agosto. Confirmado.
El gobierno de Abelardo De la Espriella arrancó el sábado 8 de agosto con una ola de ataques. Grupos no identificados detonaron explosivos contra peajes y estaciones policiales en varias regiones.
El primer golpe fue en la Vía Panamericana, sector Mondomo, Cauca. Un peaje en construcción quedó destruido. Sin víctimas en ese punto.
Minutos después, el Ministerio de Defensa denunció otro «atentado terrorista». Un vehículo cargado con explosivos atacó un peaje en Santander de Quilichao, también en Cauca. Dos guardias de seguridad resultaron heridos.
El saldo más grave llegó desde Cesar. Un ataque con drones contra la subestación de Policía San Roque mató al subintendente Argemiro Rodelo Canchila. Según las fuentes, el oficial acumulaba al menos 18 años de servicio.
En Antioquia, el gobernador Rendón denunció un ataque con drones contra la estación de Policía Porce III, en Guadalupe. Rendón atribuyó el hecho al Frente 36 de las antiguas FARC, bajo el mando de alias «Calarcá». Sin heridos en ese ataque.
De la Espriella respondió en su cuenta de X: «Este crimen no quedará impune. Los responsables serán encontrados y enfrentarán todo el peso de la ley».
Como primera acción ofensiva, el mandatario anunció la captura de Héctor Bastidas, alias «Bonito», en Guamal, Meta. Según el gobierno, es el segundo cabecilla de los Comandos de la Frontera, disidencia de las FARC.
Lectura editorial. La violencia del primer día no es casualidad: es un mensaje de las estructuras armadas que vivieron cuatro años de impunidad bajo el petrismo. De la Espriella heredó un Estado debilitado y una narcoguerrilla envalentonada. La captura de «Bonito» en las primeras horas marca el tono: orden, inteligencia y cero tregua. El costo de no haberlo hecho antes lo pagó el subintendente Rodelo Canchila con su vida.



