MEXICO (Pulso) — Brian Rodríguez, delantero del América, arremetió contra medios mexicanos en redes sociales. Lo hizo este viernes. El detonante: una publicación sobre supuestas gestiones de su representante, Lasalvia, para mejorar su salario.
«Estas aburridos se ve. De algo hay que hablar o inventar siempre. Nefasto el periodismo de este país no pueden ser más estúpidos», escribió Rodríguez en los comentarios de esa publicación.
El jugador también cuestionó el efecto de esas versiones entre los aficionados. «Lo que haces por unos like que triste que es tu vida», agregó.
La publicación señalaba que Lasalvia buscaría una mejora económica para el uruguayo. El argumento, según esa versión: el interés de varios clubes. Se mencionaron opciones en Brasil, Holanda y Medio Oriente.
El contexto tiene base real. El Cruzeiro presentó dos ofertas por Rodríguez en esta ventana. La primera, de unos ocho millones de dólares. La segunda, de 10 millones más bonos. El América rechazó ambas y la negociación se cerró.
El Vasco da Gama también exploró la opción. Esa operación se enfrió porque las pretensiones económicas del América superaron lo que el club brasileño estaba dispuesto a pagar.
Tras el episodio con Cruzeiro, Rodríguez declaró que estaba «tranquilo y feliz» en el América. «Cuando sea el momento de ir, voy a comunicar», dijo entonces.
Su representante confirmó que existen otras posibilidades en el extranjero y que viajaría a México para revisar alternativas. Ninguna ha derivado en traspaso.
Rodríguez sigue siendo jugador del América. Su reacción no confirma renovación ni descarta una salida futura.
Lectura de la casa. El episodio ilustra la tensión entre el mercado de rumores y la realidad contractual. Dos ofertas concretas llegaron y el América las rechazó: eso es un hecho, no especulación. Lo que irrita al jugador son las versiones sobre su salario interno, terreno donde la fuente directa —el club— no ha hablado. En el fútbol, como en los mercados, la información sin sustento tiene costo real: genera ruido, distorsiona expectativas y, en este caso, provocó una respuesta pública que el propio jugador quizás habría preferido evitar.



