BOLIVIA (Pulso) — La Paz — El presidente boliviano Rodrigo Paz despidió el viernes al ministro de Economía, José Espinoza, según un decreto oficial. El cargo quedó en manos del hasta ahora ministro de Producción Sostenible, Oscar Justiniano Pinto, de forma interina.
La Asamblea Legislativa había aprobado días antes una moción de censura contra Espinoza. El motivo: no compareció ante el Congreso para responder preguntas sobre gestión económica, política monetaria y planificación macroeconómica.
El gobierno de Paz enfrenta además el caso del exasesor presidencial Fernando Cerimedo, detenido en el marco de una investigación por el ataque a balazos contra su pareja, según la fuente.
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, negociado en julio, es considerado clave para estabilizar la economía y aliviar la escasez de combustible y divisas. Sin un ministro permanente, su implementación queda en suspenso.
Este no es el primer cambio de gabinete. A principios de agosto, Paz ya reemplazó al canciller y al ministro de la Presidencia, y eliminó dos carteras. La causa inmediata fue la ruptura con Samuel Doria Medina, líder del partido Unidad Nacional —tercera fuerza legislativa— quien anunció a fines de julio que abandonaba la alianza, citando decisiones tardías y denuncias de corrupción. Doria Medina pidió a sus legisladores ser «oposición constructiva»; ninguno renunció a la alianza.
Entre mayo y junio, Bolivia vivió 53 días de cortes de rutas que aislaron La Paz y otras ciudades. Los bloqueos, encabezados por sindicatos, exigían la renuncia de Paz en el peor contexto económico de los últimos 40 años, según la fuente.
En su discurso del Día de la Independencia, Paz defendió sus políticas «impopulares» pero «necesarias» y acusó al expresidente Evo Morales de haber orquestado los levantamientos. Morales es actualmente objeto de una orden de aprehensión por su presunto papel en esas manifestaciones, según el documento.
Lectura de Pulso Global. Paz heredó dos décadas de socialismo y llegó con mandato de libre empresa. La salida forzada de Espinoza —por censura legislativa, no por decisión propia— ilustra cuánto cuesta gobernar sin mayoría sólida. El acuerdo con el FMI es la única ancla disponible para los mercados. Con aliados que se alejan y el cargo económico clave vacante, el margen para aplicar reformas se estrecha. El reloj corre.



