COLOMBIA (Pulso) — El presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, oficializó este jueves 20 de agosto la nueva cúpula de las Fuerzas Militares. La ceremonia se realizó en el Batallón Paraíso de Barranquilla.
«No van a tener dónde esconderse, no van a tener tregua», afirmó De la Espriella. El mandatario ordenó perseguir a las organizaciones criminales de manera permanente.
El nombramiento más relevante: el mayor general Erick Rodríguez Aparicio como nuevo comandante general de las Fuerzas Militares. Rodríguez había salido de la institución durante el gobierno de Gustavo Petro, según la fuente. Regresa con experiencia como subjefe de Estado Mayor de Operaciones Conjuntas y comandante de la Primera División.
Como jefe de Estado Mayor Conjunto fue confirmado el mayor general Carlos Enrique Carrasquilla Gómez. Su trayectoria incluye funciones en el Comando Sur de Estados Unidos y participación en la Fuerza Multinacional de Observadores del Sinaí.
El Ejército Nacional quedó bajo el mando del mayor general José Bertulfo Soto Sánchez, con más de tres décadas de experiencia en Arauca, Cauca, Putumayo, Caquetá y Tolima. El brigadier general Rodolfo Morales Franco asumió como segundo comandante del Ejército.
La Armada pasó al vicealmirante Javier Jaimes Pinilla, primer oficial en llegar a ese cargo tras comandar la Fuerza Naval de la Amazonía.
De la Espriella también anunció el regreso del nombre histórico Fuerza Aérea Colombiana (FAC), reemplazando la denominación Fuerza Aeroespacial Colombiana. El mayor general Juan Jaime Martínez Ossa asumió su comando, con 36 años de servicio y más de 7.000 horas de vuelo.
El equipo se completa con el mayor general Juan Mosquera Dueñas como segundo comandante de la FAC, el mayor general Rafael Olaya Quintero como segundo comandante de la Armada y el general Óscar Leonel Murillo como director de la Escuela Superior de Guerra.
Esto es lo que se sabe. El giro es nítido: Colombia abandona la política de «paz total» del petrismo y apuesta por comandantes forjados en operaciones reales contra grupos armados. El regreso de Rodríguez Aparicio —desplazado bajo Petro— es la señal más elocuente del cambio de rumbo. La libre empresa y la propiedad privada no prosperan donde el Estado cede territorio a la criminalidad. De la Espriella lo sabe; ahora tiene el equipo para demostrarlo.



