CANADA (Pulso) — Ottawa. Más de 170.000 personas firmaron una petición para declarar «persona non grata» al embajador estadounidense Pete Hoekstra. La iniciativa fue presentada ante el Parlamento por un residente de Calgary.
La petición invoca la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas. También pide crear una comisión legislativa que investigue una eventual injerencia de Washington en asuntos internos canadienses.
El umbral para ser considerada por el Parlamento es de 500 firmas. La petición lo supera ampliamente. Elizabeth May, líder del Partido Verde, probablemente la presente en el otoño boreal.
Hoekstra es excongresista republicano por Michigan. Sus promotores lo acusan de «normalizar» las amenazas del presidente Trump de convertir a Canadá en el estado número 51. El embajador reposteó algunas de esas provocaciones en redes sociales y calificó de «emocional» la reacción canadiense.
También generaron controversia sus contactos con activistas de Alberta que promueven la separación provincial. En julio invitó a la residencia oficial a Tamara Lich, organizadora del «convoy de la libertad» que paralizó partes de Ottawa en 2022.
Una encuesta de Pew publicada en junio registró que solo el 35% de los canadienses considera a Washington un socio confiable. En 2022 esa cifra era del 82%. Los viajes recreativos de canadienses a Estados Unidos cayeron más de una cuarta parte en el último año.
No todos rechazan al diplomático. Rick Tachuk, presidente de la Cámara de Comercio Estadounidense en Canadá, lo defendió: «Puede ser brusco, pero eso en muchos sentidos es una ventaja, porque ayuda a expresar la posición del presidente», según el documento.
La eventual expulsión de un embajador estadounidense no tiene antecedentes en Canadá.
Lectura editorial. Hoekstra hace exactamente lo que Trump le pide: proyectar firmeza y mantener canales abiertos con el sector privado. Que el mundo empresarial lo valore mientras la clase política lo repudia dice más sobre la fractura interna canadiense que sobre la conducta del embajador. La petición es ruido político; el comercio bilateral, la variable que importa.



